miércoles, 2 de febrero de 2011

Padre nuestro, que me haces reir.

El Padre nuestro ha de ser una gozada, una oración que produce risa, gozo, desbordamiento de felicidad, una contemplación de consuelo y cuando no hay consuelo, cuando estamos en sequedad, risa por medio de la fe en el amor de Dios.

Por es vamos a dar por cierto que hay un carisma, un don del Espiritu Santo, que es la santa risa, la santa alegría y contento. El santo gozo. Igual que orar en lenguas, profetizar o sanar enfermos. El Espíritu Santo no tiene por que dejar de ser creativo, no queda limitado a lo que dice la escritura. Puede crear dones y carismas a su antojo, por lo que no debeos señalar la lista de los carismas de San Pablo para verificar si ese don es o no del Espiritu Santo.

La santa alegria es la caracteristica del santo, de hombre que esta en camino a la perfección, pues ya sabemos que la acción del Espiritu Santo es hacernos crecer en santidad hasta llegar a la perfección del Padre, manifestada en un hombre que muere amando hasta el extremo, Jesus, la Palabra del Padre. Para muchos esto de orar, meditar, profundizar, disciplinarse era algo muy serio, triste y aburrido. Muy sacrificado y mas cerca del lloro que de la risa. Pero ese es el engaño de los que son desviados del crecimiento espiritual, es lo que nos hace que no nos animemos a orar, a acudir a la Palabra, a pedir la santificación, porque nos vamos a aburrir. En vez el pecar, el odiar, el bajar nuestra conciencia la nivel de egoismo nos lo presente el Engañador como algo que es divertido, lleno de risas y gozos, y es otra mentira, es un lugar de sufrimiento, desengaño, fustración, desesperación, desconsuelo. No hay aceptación de propio yo y así el pecado es la causa de desamor a uno mismo y a los demas. Cerrandose al amor uno vive en el infierno, fuera de la corriente de vida, que es Dios.

Dios se parece mas a lo que vive un hombre que goza satisfecho de la bondad de su Padre que ama por encima de toda previsión, que es especialmente omnipotente en el amor. Que le pide que pueda santificar su nombre, que le pide que reine en él, que se haga su voluntad, que le alimente con el Pan del mañana, le perdone, le guarde en la tentación y le libere del Malo. Y todo eso con la alegría de dirigirse en Jesucristo al Padre del que es todo el Poder, la gloria y el Reino.


Por eso animo, me animo, les animo a reir, a unirse en el gozo de nuestro Señor, porque este gozo es nuestras fuerzas como dice el Salmo

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