Padre nuestro, Padre de todos.
No solo mio. No solo Padre de mi grupo familiar, cultural, religioso, planetario. Padre de Jesucristo, del Hijo Unico, del Hijo de Dios. El que pronuncia la Palabra eterna, con el Aliento de Dios, el Espiritu con el que pronuncia la Palabra primordial, la Palabra de amor que es Amada y Amante. En eso consiste la vida Trinitaria. Que rebosa amor invitandonos a participar dentro de ella, incorporados como hijos en el Hijo.
Padre ni mio ni de ningun grupo o Galaxia. Padre de Jesucristo, el Unigenito. En el somos incorporados a su ser Hijo. En el participamos de su vida divina. En Jesús somos creados y una vez muertos en el pecado, recreados para vivir la vida a la que nos invita Dios, como imagen y semejanza suya. Vida que vive amando, y recibiendo amor.
En una mentalidad cerrada, que cierra sobre ella el ambito de realidad, como ocurria con los mitos, del Eden y la Creación y el pecado, o de cualquier tribu africana o polinesia, que nos hace sonreir ante su ingenuidad, vivimos con cierta seguridad. Esto es asi. Es el padre del dogma. De la verdad cerrada, clausurada. No admite cambios. Asi nuestra Iglesia ha ido cerrado posiblidades. Basada en seguridades de tipo filosofica, linguistico, mitologico, antropologico. Seguridades hoy derrotadas y en vias de extincion. En un momento fue la adaptacion a la mentalidad cientifica defendiendo que el fondo era verdadero, razon y fe de acuerdo. Hoy es el reconocimiento de que el Big Bang es tan unico como lo era antes el unico marco de realidad, la Tierra. Y entre trillones de bigbanes ¿como queda la Encarnacion Unica y la Parusia, porque la Creación quedó lejos de toda lógica?
Tiempo privilegiado de radicalidad evangelica. Ni siquiera la actividad humanitaria nos sirve, como quiere hacer ver los llamados progresistas, que ante sus esquemas caidos, sus escrituras reinterpretadas, su dogmatica minusvalorada, infabilidades que fallan, acuden a la justificacion por la actividad caritativa y hasta politicamente izquierdosa justificandose ante los modernos. Lo que conviene, y dentro de esto esta la vida misionera en la Palabra y la caridad, es recuperar dentro del nuevo contexto la intensidad de la accion del Espiritu que te cristifica y te hace vivir la vida de Cristo, vuelta hacia el Padre al que da gloria haciendo su voluntad. Tal vez como paso previo e independiente a la cosmovision y cronovision moderna. No por evitarla, sino por valorar la fuerza de salvacion del Evangelio fuera de toda connotación desestabilizante de los antes seguros e inamovibles dogmas cristianos. Liberandonos de la identificacion del cristianismo con los dogmas superados, sino con la accion pascual del que experimenta que Dios le hace pasar de la muerte a la vida, para dar vida a los muertos.
Paso dificil, muchos obstaculos, dentro y fuera de la Iglesia, pero al final ocasion para sufrir por Cristo gozandonos de la mision de santificar el Universo, de extender el Reino, en cada uno, en la Tierra y el Universo que ama Dios y solo el conoce. Amen.

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